miércoles, 26 de febrero de 2014

Marihuana y otras hiervas II...


Antropología, cultura y drogas.

Ceremonias y rituales americanos.


La relación entre las drogas y el hombre es tan antigua como la existencia misma del hombre. Así lo han corroborado la antropología, la historia y la arqueología. El acceso al conocimiento de esta relación ertenece fundamentalmente al siglo XX, y así lo demuestra el auge de las ciencias tales como la   etnobotánica,   etnofarmacognoscia,   etc.   Un   precursor   en   este   sentido   fue   R.   Gordon   Wasson, conocido   banquero   fundador  de   la   etnomicología,   luego   derivada   en   etnobotánica.   Su  más   grande hallazgo fue el de descubrir que el soma de los Vedas hindúes no era otro que la amanita muscaria.


A lo largo de la historia cada cultura ha establecido un vínculo preferencial con alguna droga. Dicha droga adquiría un significado en tanto la génesis de las culturas y sus tradiciones, su mitología. Formando entonces parte de una cosmovisión, incluida en sus rituales religiosos, y en cura cultura habría roes preestablecidos en el relacionamiento con dicha droga, tal como lo es la figura del chamán. Este personaje cumplía varias funciones tales como ser el mediador entre el pueblo y la divinidad, lo mágico­religioso, tarea esta que consiste en administrar correctamente las prácticas  y consumos en torno a la droga social. Pero también ser un mediador socio­cultural, papel que consiste en curaciones en base a plantas, ritos o cantos (ícaros), así como también establecer la división social y poder médico­ político.

No   se   conocen   registros   suministrados   por   las   ciencias   anteriormente   mencionadas   sobre culturas que hayan prescindido del consumo de alguna droga, ya fuera con fines médicos y/o religiosos.
Es así que haciendo un recorrido por culturas tales como: la grecolatina, nos encontramos con tradiciones   de consumo de determinados  fermentos  como forma de acceso al éxtasis  místico,  o  la inhalación de sustancias tales como el cannabis, o la quema de laurel, y de la posible presencia del clviceps en los rituales iniciáticos del Helenismo. Los semitas se han relacionado con el consumo de depresores. El Islam al consumo de enervantes como el café y el haschís. Los chamanes siberianos rindieron culto a hongos tales como amanita muscaria, y al género psylocibe (cultos que prosiguieron sus sucesores en la Europa nórdica y las llanuras eslavas). Los chamanes americanos se sirvieron del consumo de cactus alucinógenos (tales como peyote, San Pedro, etc), y de compuestos derivados de la banisteriopsis   caapi,   así   como   de   la   datura.   Mientras   que   en   América   del   Sur   el   consumo   de psicoactivas se centraba en la coca, el yagé, tabaco, cacao y yerba mate entre otros.

En nuestra cultura judeo­cristiana la droga fetiche es el alcohol. Cuya historia registrada se remonta a mediados de la civilización egipcia (1500 a.C. aproximadamente) con la fermentación de la vid y la cebada (vino y cerveza), culto del que se nutren los griegos en su conquista a Egipto (332 a.C.) aproximadamente en el 86 a.C. con la expansión del Imperio Romano el proceso es perfeccionado, fundamentalmente el vino. Con el posterior advenimiento del cristianismo, éste es incorporado a esta cosmovisión, adquiriendo un papel importante que sufrió cambios con el devenir del tiempo. Desde ser consumido en forma colectiva luego de largos ayunos enmarcado dentro de una práctica religiosa, hasta alcanzar progresivamente un carácter simbólico como es en nuestros días.

Es importante resaltar que no existe una postura unívoca, ya sea en términos de consumo como de comprensión, puesto que algunas culturas has apostado a lo dionisíaco, otras a lo enteogénico, etc. Una actitud científica no debería ser etnocentrista, sino tener la capacidad para comprender las lógicas de otras etnias.





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