lunes, 17 de febrero de 2014

Sobre marihuana y otras hierbas... Entrega I

Es un gusto retomar el contacto una vez más.

Empezaremos con un tema controvertido que sacudió a nuestro país y el mundo: La legalización de la marihuana. Si bien Uruguay suscribe la normativa internacional al respecto, se atrevió a instalar el debate y dar un paso más... Es de resaltar que la regulación jurídica anterior era una fuente de contradicciones importante también.

Sobre la problemática de drogas hay distintas bibliotecas, pero la idea aquí es poner en debate, no sólo la legalización, sino la ley que regía, sus alcances, el período en que surge y las lógicas que la atraviesan en lo cultural, medicinal, ecnomómico y político por ejemplo.

El siguiente trabajo, tiene su origen en una elaboración inicial realizada en equipo en Facultad de Psicología por 1998 y que incluía una entrevista a la Dra Adela Reta. Luego una ampliación en 2006 para FHUCE y finalmente se extendió para ser presentarlo como trabajo final de la Junta Nacional de Drogas en 2009.

Se agradece abrir el debate y plantear cuestionamientos pertinentes de esta primera entrega...


Antecedentes Investigativos:

El   problema   de   la   droga   surge   como   problema   médico­sanitario   a   fines   del   siglo   XX
relacionado fundamentalmente al morfinismo.
En nuestro país surge como problema con dimensión social a partir de la década del ’80, por lo tanto los pocos trabajos investigativos realizados fueron a partir de este momento. Al principio los mismos fueron aislados y esporádicos, poco precisos y que no dimensionaban el problema como tal.
En los ’80 Rafael Bayce realiza un trabajo que se centra en un cuestionamiento del discurso oficial, de base fundamentalmente sociológica. Hugo Míguez y Raquel Macri realizan el primer trabajo investigativo del que se nutre la Junta Nacional de Drogas, trabajo que estuvo archivado durante mucho
tiempo en esta dependencia sin generar la atención debida.
No es hasta la década de los ’90 que los psicólogos Gabriel Eira y Juan Fernández logran en su trabajo “Drogas: contexto   y   dilema”,   una   amplia   investigación   sobre   el   tema.   Investigación   que continúan   hoy   día,   cuya   publicación   “Enteogénesis”   logra   una   revisión   crítica­histórica.   También Daniel  Vidart ha realizado  trabajos  desde el punto de vista antropológico,  pero que no se ciernen estrictamente a nivel nacional.
En   un   proceso   de   apertura   de   la   JND   de   la   mano   de   Costa   comenzando   un   período   de acercamiento   a   la   temática   que   cristalizó   con   Milton   Romani   y   su   equipo   quien   dio   un   viraje   al tratamiento del tema. Viraje en varios sentidos, desde lo incautado, hasta la política decididamente abierta a formar, educar en el tema con un serio acercamiento a la sociedad y sus principales actores.
La implementación de un plan nacional a través de organizaciones médicas, la coordinación de los recursos también fue una gran apuesta.
A nivel internacional, como es de esperarse, hay innumerables investigaciones que responden a diferentes perspectivas sobre dicha temática. Un interesante trabajo es el realizado por el autor español Escotado “La historia de las drogas”. Asimismo Terence Mc Kenna en su clásico “El manjar de los dioses” abre una brecha en la investigación de las drogas en sus culturas de origen. Thomas Szasz ha realizado extensas investigaciones entre las que se destacan “Drogas y ritual”, así como “Nuestro derecho a las drogas”.


Planteamiento del Problema

El fenómeno de la droga es también conocido como el  problema de la droga. Problema en términos de búsqueda de soluciones a un fenómeno poco conocido. El problema de la droga, seguirá siendo un problema mientras no se lo aborde como una postura crítica en un intento de comprender más allá de lo estigmático, trascendiendo el nivel nocional del tema. Muchas veces a este fenómeno se lo nombraba también como “el fantasma de la droga”, y nada más ilustrativo que dicha denominación en tanto el conocimiento que tenemos de él.
Problema, hace referencia según De Brasi, a un área de desconocimiento, a un área donde el requerimiento es justamente la producción de conocimiento.

El problema de la droga es una construcción social, y se lo constituye como problema social producto de intereses políticos fundamentalmente. Se lo presenta públicamente como un problema sin sustentos diagnósticos o investigativos, como una estructura vacía. En nuestro país la construcción de dicho problema es un proceso muy complejo que comienza a partir de la apertura democrática. En dicho momento histórico la juventud eclosiona contrastando con el momento histórico inmediatamente anterior, el período intervencionista.
Entonces, el  discurso controlador  se centra ahora en la juventud, y la droga resulta un buen argumento. Contribuyendo a esto una campaña de prensa realizada en el período 87­88 magnifica dicha problemática. La juventud pasa a ser el argumento justificativo de la represión.
A nivel internacional, como problema específico fue definido por la administración Reagan, como respuesta a las repercusiones del movimiento hippie, de las décadas del 60’ y 70’. Recordemos que un problema hace referencia al desconocimiento y este por ende al temor. Al final de la guerra fría y   con   la   paulatina   debilitación   de   los   regímenes   comunistas,   se   redefine   estratégicamente   como enemigo interno a la droga justificando así a su vez intervenciones militares por parte de los EE.UU. en
aquellos países productores de droga, es esta una estrategia geopolítica en la que está incluida América Latina. Pero a nivel interno se lo define como peligro en un intento de normativizar y controlar los comportamientos sociales.
Recordando   al   autor   francés   Robert   Castel,   los   jóvenes   pasarían   a   tener   la   posición   que
anteriormente ocupaba el proletariado. De una lucha de clases se pasaría a una lucha generacional. Se justifica así el control de la juventud en un intento de uniformización (al igual que el proletario en otro momento histórico). Al cambiar la relación de fuerza de clases, los peligros deben ser redefinidos. Los jóvenes pasan a ser “los peligrosos”, y así se crea un fantasma en torno a ellos.  En una sociedad obsesionada   por   el   control,   aquellas   sustancias   que   aparentemente   producen   descontrol   se transforman en peligrosas.
El  objetivo  del presente trabajo consistirá entonces, en el intento de desglosar, dentro de lo posible, las distintas dimensiones de mayor incidencia que atraviesan en forma múltiple este fenómeno. La problemática está planteada por las dificultad en el manejo de determinadas nociones tales como conciencia, droga y por las limitaciones que impone la taxonomía, ya que las drogas son clasificadoras
según distintas perspectivas que las capturan y definen como tales.
No   es   objetivo  del trabajo  abordar  directamente  el  tema  de la  drogadicción  (aunque   pueda aparecer referido a lo largo del mismo), sino de la droga propiamente dicha. Droga como sustancia natural   o   artificial   capaz   de   alterar   el   estado   de   conciencia   de   un   ser   humano.   Desde   aquí   nos encontramos entonces con la imposibilidad de definir unívocamente el concepto de conciencia, y más aún el de alteración de conciencia.
Recordemos   que   un   problema   no   es   necesariamente   un   obstáculo,   al   contrario,   éste   y   sus formulaciones tienden a la solución del mismo.
Las definiciones no deben ser tomadas como reglas sagradas (que no hacen más que limitar e impedir la posibilidad de visualización de formas nuevas, sino que en un intento de aclarar ponen un velo   ante   nosotros),   sino,   como   construcciones   socio­históricas   que   responden   a   una   determinada subjetividad.   Muchas   veces   una   definición,   de   aparecer,   servirá   a   un   juego   de   construcción­ deconstrucción   de   lo   dado   en   el   intento   de   develar   los   puntos   ciegos   que   se   presenten   como interrogantes.

Si partimos de la base que una droga es una sustancia capaz de alterar el estado de conciencia, ¿qué entendemos por conciencia? El diccionario de la Real Academia Española en su primera acepción nos   dice:   Propiedad   del   espíritu   humano   de   reconocerse   en   atributos   esenciales   y   en   todas   las modificaciones   que   en   sí   mismo   experimente.   Pasamos,   como   se   ve,   de   la   dificultad   de   definir conciencia a la de definir espíritu. Pero es de rescatar lo mencionado como capacidad de reconocerse en atributos y modificaciones que se experimenten.
Entrando en el ámbito de la psiquiatría, Henri Ey entiende a la conciencia como la organización de la experiencia sensible actual que integra la presencia en el mundo, la representación del orden objetivo y subjetivo, y la construcción del presente.
Lo que podemos decir entonces es que la dificultad radica en hablar también de una conciencia normal,   pues   ¿qué   parámetros   la   establece?,   y   ¿quien   establece   dichos   parámetros?   El   hablar   de parámetros refiere directamente a la arbitrariedad planteada por el dualismo. Así acudimos al concepto de distancia (De Brasi) también en lo cultural, ya que diferentes culturas caracterizarán a sus estados de conciencia como normales aunque sean sustancialmente distintos en términos de experiencia a las otras culturas. Y es así por ejemplo que los Shuar (pueblo de la familia jibaroiana) consideran estado normal al que se produce bajo el efecto del yagé, y la alteración de conciencia sería la ausencia de esa sustancia.
En un intento de “comprender” a las sustancias psicoactivas, se las ha intentado capturar desde distintos ámbitos (científicos, políticos, etc.), en diferentes taxonomías. La compulsión clasificatoria responde a la necesidad política cargada de intereses específicos y que obedece a las lógicas de quien las construye.

Por lo tanto hay siempre un referente ideológico detrás de cada clasificación. Resulta entonces necesario recorrer las diferentes clasificaciones de mayor trascendencia:

Clasificación físico­química: se basa en la estructura química de la sustancia y la relación con sus efectos. Se interesan por sustancias que puedan generar efectos similares, por ejemplo compuestos no nitrogenados como el cannabis.

Clasificación farmacológica: se clasifican los metabolitos por sus efectos en el organismo.

Clasificaciones clínicas: éstas evalúan las reacciones de los consumidores frente a las sustancias ingeridas: quizá la más conocida sea la de Lewin en 1931 quien las divide en:

* Inebrantia: excitación en el SNC y luego depresión (ejemplo: alcohol)

* Exitantia: estimulan el SNC (ejemplo: cafeína)

* Euphórica: sedantes de la actividad mental (ejemplo: opio y derivados, coca y alcaloides)

* Hypnótica: producen sedación (ejemplo: kava­kava, cannabis)

* Phantástica: constituida por los alucinógenos o enteógenos.

Otra clasificación puede ser la de J. Delay de 1957:
Se basa en el concepto de tono psicológico, a su vez basado en un concepto de Pierre Janet, haciendo referencia al nivel de conciencia, vigilancia y estado de humor de la persona:

* Psicoanalépticos: estimulan el tono (ejemplos: cafeína, cocaína, anfetaminas)

* Psicolépticos: los que deprimen el tono (ejemplos: opiáceos, barbitúricos, ansiolíticos)

* Psicodislépticos: todos los enteógenos.

Otra clasificación podría ser la del antropólogo uruguayo Daniel Vidart:

* Dionisíacas: entrega al placer (ejemplo: alcohol)

*Apolíneas: control de lo que sucede (ejemplo: cocaína)

* Narcóticas: inducen a la narcosis, al sueño (ejemplo opio)

* Enteogénicas o satanógenas (ejemplos: yagé, LSD)

Clasificaciones políticas como la de la DEA (Drug Enforcement Agency):

* Categoría I: Las más peligrosas de todas. Elevado potencial de abuso y sin uso médico en los
EEUU.: LSD, Psilocybina, mescalina y demás enteógenos (entre ellas estaba la marihuana, pero por su
“nuevo” uso terapéutico se la pasó a la Categoría II)

* Categoría   II:   Elevado   potencial   de   abuso   pero   con   algún   uso   médico.   Cocaína,   morfina, feniclidina, cannabis, y tronabino (versión pastilla de la marihuana).

* Categoría III: Sustancia controlada con mayor potencial de abuso que generan dependencia pero
de amplio uso médico (barbitúricos, anfetaminas)

* Categoría   IV:   Sustancias   controladas   con   menos   potencial   de   abuso   que   generan   niveles inferiores de dependencia, pero con uso médico (diazepan, valium)


* Categoría   V:   Sustancias   controladas   que   combinan   cantidades   limitadas   de   narcóticos   y
sustancias no narcóticas (romilar)

La dimensión jurídica del fenómeno nutre a la problemática en sí misma clasificando  a las drogas en legales e ilegales. Importa subrayar que los criterios de ilegalidad son extrafarmacológicos,  lo que aporta al oscurecimiento de dicho fenómeno.



Fundamentación:

A   continuación   se   laminará   la   problemática   en   sus   diferentes   dimensiones   para,   como   fue mencionado anteriormente, lograr una mejor aproximación:

1. Antropología, cultura y drogas.
2. Legislación y drogas
3. Medicina y drogas
4. Economía, política y drogas




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