Es un gusto retomar el contacto una vez más.
Empezaremos con un tema controvertido que sacudió a nuestro país y el mundo: La legalización de la marihuana. Si bien Uruguay suscribe la normativa internacional al respecto, se atrevió a instalar el debate y dar un paso más... Es de resaltar que la regulación jurídica anterior era una fuente de contradicciones importante también.
Sobre la problemática de drogas hay distintas bibliotecas, pero la idea aquí es poner en debate, no sólo la legalización, sino la ley que regía, sus alcances, el período en que surge y las lógicas que la atraviesan en lo cultural, medicinal, ecnomómico y político por ejemplo.
El siguiente trabajo, tiene su origen en una elaboración inicial realizada en equipo en Facultad de Psicología por 1998 y que incluía una entrevista a la Dra Adela Reta. Luego una ampliación en 2006 para FHUCE y finalmente se extendió para ser presentarlo como trabajo final de la Junta Nacional de Drogas en 2009.
Sobre la problemática de drogas hay distintas bibliotecas, pero la idea aquí es poner en debate, no sólo la legalización, sino la ley que regía, sus alcances, el período en que surge y las lógicas que la atraviesan en lo cultural, medicinal, ecnomómico y político por ejemplo.
El siguiente trabajo, tiene su origen en una elaboración inicial realizada en equipo en Facultad de Psicología por 1998 y que incluía una entrevista a la Dra Adela Reta. Luego una ampliación en 2006 para FHUCE y finalmente se extendió para ser presentarlo como trabajo final de la Junta Nacional de Drogas en 2009.
Se agradece abrir el debate y plantear cuestionamientos pertinentes de esta primera entrega...
El problema de la droga surge como problema médicosanitario a fines del siglo XX
relacionado fundamentalmente al morfinismo.
En nuestro país surge como problema con dimensión social a partir de la década del ’80, por lo tanto los pocos trabajos investigativos realizados fueron a partir de este momento. Al principio los mismos fueron aislados y esporádicos, poco precisos y que no dimensionaban el problema como tal.
En los ’80 Rafael Bayce realiza un trabajo que se centra en un cuestionamiento del discurso oficial, de base fundamentalmente sociológica. Hugo Míguez y Raquel Macri realizan el primer trabajo investigativo del que se nutre la Junta Nacional de Drogas, trabajo que estuvo archivado durante mucho
tiempo en esta dependencia sin generar la atención debida.
No es hasta la década de los ’90 que los psicólogos Gabriel Eira y Juan Fernández logran en su trabajo “Drogas: contexto y dilema”, una amplia investigación sobre el tema. Investigación que continúan hoy día, cuya publicación “Enteogénesis” logra una revisión críticahistórica. También Daniel Vidart ha realizado trabajos desde el punto de vista antropológico, pero que no se ciernen estrictamente a nivel nacional.
En un proceso de apertura de la JND de la mano de Costa comenzando un período de acercamiento a la temática que cristalizó con Milton Romani y su equipo quien dio un viraje al tratamiento del tema. Viraje en varios sentidos, desde lo incautado, hasta la política decididamente abierta a formar, educar en el tema con un serio acercamiento a la sociedad y sus principales actores.
La implementación de un plan nacional a través de organizaciones médicas, la coordinación de los recursos también fue una gran apuesta.
A nivel internacional, como es de esperarse, hay innumerables investigaciones que responden a diferentes perspectivas sobre dicha temática. Un interesante trabajo es el realizado por el autor español Escotado “La historia de las drogas”. Asimismo Terence Mc Kenna en su clásico “El manjar de los dioses” abre una brecha en la investigación de las drogas en sus culturas de origen. Thomas Szasz ha realizado extensas investigaciones entre las que se destacan “Drogas y ritual”, así como “Nuestro derecho a las drogas”.
Planteamiento del Problema
El fenómeno de la droga es también conocido como el problema de la droga. Problema en términos de búsqueda de soluciones a un fenómeno poco conocido. El problema de la droga, seguirá siendo un problema mientras no se lo aborde como una postura crítica en un intento de comprender más allá de lo estigmático, trascendiendo el nivel nocional del tema. Muchas veces a este fenómeno se lo nombraba también como “el fantasma de la droga”, y nada más ilustrativo que dicha denominación en tanto el conocimiento que tenemos de él.
Problema, hace referencia según De Brasi, a un área de desconocimiento, a un área donde el requerimiento es justamente la producción de conocimiento.
El problema de la droga es una construcción social, y se lo constituye como problema social producto de intereses políticos fundamentalmente. Se lo presenta públicamente como un problema sin sustentos diagnósticos o investigativos, como una estructura vacía. En nuestro país la construcción de dicho problema es un proceso muy complejo que comienza a partir de la apertura democrática. En dicho momento histórico la juventud eclosiona contrastando con el momento histórico inmediatamente anterior, el período intervencionista.
Entonces, el discurso controlador se centra ahora en la juventud, y la droga resulta un buen argumento. Contribuyendo a esto una campaña de prensa realizada en el período 8788 magnifica dicha problemática. La juventud pasa a ser el argumento justificativo de la represión.
A nivel internacional, como problema específico fue definido por la administración Reagan, como respuesta a las repercusiones del movimiento hippie, de las décadas del 60’ y 70’. Recordemos que un problema hace referencia al desconocimiento y este por ende al temor. Al final de la guerra fría y con la paulatina debilitación de los regímenes comunistas, se redefine estratégicamente como enemigo interno a la droga justificando así a su vez intervenciones militares por parte de los EE.UU. en
aquellos países productores de droga, es esta una estrategia geopolítica en la que está incluida América Latina. Pero a nivel interno se lo define como peligro en un intento de normativizar y controlar los comportamientos sociales.
Recordando al autor francés Robert Castel, los jóvenes pasarían a tener la posición que
anteriormente ocupaba el proletariado. De una lucha de clases se pasaría a una lucha generacional. Se justifica así el control de la juventud en un intento de uniformización (al igual que el proletario en otro momento histórico). Al cambiar la relación de fuerza de clases, los peligros deben ser redefinidos. Los jóvenes pasan a ser “los peligrosos”, y así se crea un fantasma en torno a ellos. En una sociedad obsesionada por el control, aquellas sustancias que aparentemente producen descontrol se transforman en peligrosas.
El objetivo del presente trabajo consistirá entonces, en el intento de desglosar, dentro de lo posible, las distintas dimensiones de mayor incidencia que atraviesan en forma múltiple este fenómeno. La problemática está planteada por las dificultad en el manejo de determinadas nociones tales como conciencia, droga y por las limitaciones que impone la taxonomía, ya que las drogas son clasificadoras
según distintas perspectivas que las capturan y definen como tales.
No es objetivo del trabajo abordar directamente el tema de la drogadicción (aunque pueda aparecer referido a lo largo del mismo), sino de la droga propiamente dicha. Droga como sustancia natural o artificial capaz de alterar el estado de conciencia de un ser humano. Desde aquí nos encontramos entonces con la imposibilidad de definir unívocamente el concepto de conciencia, y más aún el de alteración de conciencia.
Recordemos que un problema no es necesariamente un obstáculo, al contrario, éste y sus formulaciones tienden a la solución del mismo.
Las definiciones no deben ser tomadas como reglas sagradas (que no hacen más que limitar e impedir la posibilidad de visualización de formas nuevas, sino que en un intento de aclarar ponen un velo ante nosotros), sino, como construcciones sociohistóricas que responden a una determinada subjetividad. Muchas veces una definición, de aparecer, servirá a un juego de construcción deconstrucción de lo dado en el intento de develar los puntos ciegos que se presenten como interrogantes.
Si partimos de la base que una droga es una sustancia capaz de alterar el estado de conciencia, ¿qué entendemos por conciencia? El diccionario de la Real Academia Española en su primera acepción nos dice: Propiedad del espíritu humano de reconocerse en atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimente. Pasamos, como se ve, de la dificultad de definir conciencia a la de definir espíritu. Pero es de rescatar lo mencionado como capacidad de reconocerse en atributos y modificaciones que se experimenten.
Entrando en el ámbito de la psiquiatría, Henri Ey entiende a la conciencia como la organización de la experiencia sensible actual que integra la presencia en el mundo, la representación del orden objetivo y subjetivo, y la construcción del presente.
Lo que podemos decir entonces es que la dificultad radica en hablar también de una conciencia normal, pues ¿qué parámetros la establece?, y ¿quien establece dichos parámetros? El hablar de parámetros refiere directamente a la arbitrariedad planteada por el dualismo. Así acudimos al concepto de distancia (De Brasi) también en lo cultural, ya que diferentes culturas caracterizarán a sus estados de conciencia como normales aunque sean sustancialmente distintos en términos de experiencia a las otras culturas. Y es así por ejemplo que los Shuar (pueblo de la familia jibaroiana) consideran estado normal al que se produce bajo el efecto del yagé, y la alteración de conciencia sería la ausencia de esa sustancia.
En un intento de “comprender” a las sustancias psicoactivas, se las ha intentado capturar desde distintos ámbitos (científicos, políticos, etc.), en diferentes taxonomías. La compulsión clasificatoria responde a la necesidad política cargada de intereses específicos y que obedece a las lógicas de quien las construye.
Por lo tanto hay siempre un referente ideológico detrás de cada clasificación. Resulta entonces necesario recorrer las diferentes clasificaciones de mayor trascendencia:
Clasificación físicoquímica: se basa en la estructura química de la sustancia y la relación con sus efectos. Se interesan por sustancias que puedan generar efectos similares, por ejemplo compuestos no nitrogenados como el cannabis.
Clasificación farmacológica: se clasifican los metabolitos por sus efectos en el organismo.
Clasificaciones clínicas: éstas evalúan las reacciones de los consumidores frente a las sustancias ingeridas: quizá la más conocida sea la de Lewin en 1931 quien las divide en:
* Inebrantia: excitación en el SNC y luego depresión (ejemplo: alcohol)
* Exitantia: estimulan el SNC (ejemplo: cafeína)
* Euphórica: sedantes de la actividad mental (ejemplo: opio y derivados, coca y alcaloides)
* Hypnótica: producen sedación (ejemplo: kavakava, cannabis)
* Phantástica: constituida por los alucinógenos o enteógenos.
Otra clasificación puede ser la de J. Delay de 1957:
Se basa en el concepto de tono psicológico, a su vez basado en un concepto de Pierre Janet, haciendo referencia al nivel de conciencia, vigilancia y estado de humor de la persona:
* Psicoanalépticos: estimulan el tono (ejemplos: cafeína, cocaína, anfetaminas)
* Psicolépticos: los que deprimen el tono (ejemplos: opiáceos, barbitúricos, ansiolíticos)
* Psicodislépticos: todos los enteógenos.
Otra clasificación podría ser la del antropólogo uruguayo Daniel Vidart:
* Dionisíacas: entrega al placer (ejemplo: alcohol)
*Apolíneas: control de lo que sucede (ejemplo: cocaína)
* Narcóticas: inducen a la narcosis, al sueño (ejemplo opio)
* Enteogénicas o satanógenas (ejemplos: yagé, LSD)
Clasificaciones políticas como la de la DEA (Drug Enforcement Agency):
* Categoría I: Las más peligrosas de todas. Elevado potencial de abuso y sin uso médico en los
EEUU.: LSD, Psilocybina, mescalina y demás enteógenos (entre ellas estaba la marihuana, pero por su
“nuevo” uso terapéutico se la pasó a la Categoría II)
* Categoría II: Elevado potencial de abuso pero con algún uso médico. Cocaína, morfina, feniclidina, cannabis, y tronabino (versión pastilla de la marihuana).
* Categoría III: Sustancia controlada con mayor potencial de abuso que generan dependencia pero
de amplio uso médico (barbitúricos, anfetaminas)
* Categoría IV: Sustancias controladas con menos potencial de abuso que generan niveles inferiores de dependencia, pero con uso médico (diazepan, valium)
* Categoría V: Sustancias controladas que combinan cantidades limitadas de narcóticos y
sustancias no narcóticas (romilar)
La dimensión jurídica del fenómeno nutre a la problemática en sí misma clasificando a las drogas en legales e ilegales. Importa subrayar que los criterios de ilegalidad son extrafarmacológicos, lo que aporta al oscurecimiento de dicho fenómeno.
Fundamentación:
A continuación se laminará la problemática en sus diferentes dimensiones para, como fue mencionado anteriormente, lograr una mejor aproximación:
1. Antropología, cultura y drogas.
2. Legislación y drogas
3. Medicina y drogas
4. Economía, política y drogas
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