lunes, 24 de febrero de 2014

Marihuana y otras hiervas IV...


Medicina y Drogas.

La relación entre la medicina y las drogas es muy íntima relación y se remonta de los comienzos mismos de la medicina a la actualidad.
Para comenzar por los orígenes mismos de tal arte debemos de citar a Hipócrates (460­370 a.C.) padre de la medicina occidental. Este ilustre personaje hace insoslayable mencionar su entorno socio­ cultural   en   el   que   vivió   y   que   es   lo   que   más   nos   importa.   Precisamente   la   medicina   hipocrática predicaba gran fé en la naturaleza y el restablecimiento natural del equilibrio perdido (enfermedad). 
Dicha   fé   en   la   naturaleza   hacía   que   la   farmacopea   hipocrática   fuese   bastante   reducida,   y   así   lo demuestra unna comparación: 12 siglos antes de Hipócrates el papiro de Ebers registraba más de 900 drogas   mientras   que   en   el  Corpus   Hippocraticum  (colección   de   59   tratados   que   constituyen   una verdadera enciclopedia del saber médico de la antigüedad) no hay mencionadas más de 300. Interesa destacar  que varios de éstos remedios  eran de origen egipcio, tales  como el opio, la mándroga, la belladona, beleño e hidromiel (todos ellos con poderes adictivos).
Como   lo   han   corroborado   ciencias   como   la   antropología,   la   historia   o   la   arqueología,   los comienzos mismos de la medicina occidental están relacionados a la utilización de determinadas drogas (muchas   de   ellas   utilizadas   al   menos   en   su   principio   activo,   hasta   hoy).   Las   drogas   fueron así acompñando el devenir de la medicina a lo largo de los tiempos. Por lo que podemos rescatar varios momentos de importancia que hacen a los cometidos del presente trabajo.
No es hasta el siglo XVII que comienza la popularización de los remedios químicos, creándose una   gran   demanda   y   adquiriendo   así   estos   un   elevado   status.   Se   podría   decir   que,   este   sería   el comienzo   de  una  relación   de  profunda  dependencia  entre   la  medicina   y  las  drogas,  creada   por la demanda masiva de remedios químicos, muy cargados de un simbolismo casi mágico en la “lucha contra la muerte y la enfermedad”. Alimentándose así dualismos que se venían cultivando desde la antigüedad, y favorecidos por la religión cristiana con una cosmovisión basada en fuertes dualismos.
Vemos entonces, cmoo se van entrecruzando desde momentos remotos múltiples dimensiones que hacen a la construcción del concepto tratado. Recordemos que en la Europa del siglo XVII la gran mayoría de dichas drogas era importada desde muy lejos, por lo que a raón de la demanda comienza a desarrollarse una vasta red de canales de mercantilización alrededor de las mismas.
Con la llamada Revolución Científica los desarrollos de la química y la alquimia aportaron nuevas ideas en lo que concierne a los procesos de asimilación de alimentos, excreción, respiracion y nuevas prácticas de terapia basadas en drogas químicas. En el siglo XVI los alquimistas ya sabían como   preparar  ácidos  minerales  y extraer  la “esencia”  o “espíritu”  de las  plantas  y minerales   por destilación. Es justamente a Paracelso (1493­-1541) a quien se le atribuye la aplicación de la química a la medicina, llamándola iatroquímica.
Es esta la época de la expansión de los grandes imperios europeos, época de conquistas y de colonias. El colonialismo es de gran importancia en este tema ya que constituye tamibén el momento del surgimiento del Estado.
Por  parte de las autoridades  colonialistas  surge una vigorosa denuncia  contras  las  prácticas nativas, desde los “curanderos” indígenas, el chamanismo, hasta los vaidas y hakims de la medicina hindú e islámica, argumentando que éstas eran prácticas que se escudaban en la superstición, o en el mejor   de   los   casos   sobre   un   mero   empirismo.   Lo   cual   resultaba   “peligroso”.   De   esta   forma   los occidentales toman una actitud hostil, fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XIX que el cuando la medicina alcanza un gran auge entre las ciencias (1).
(1) Sabida es la discusión a nivel epistemológico sobre si la medicina es o no una ciencia. Algunos autores señalan que es una práctica que se nutre de varias ciencias y disciplinas, pero no es objeto del presenta trabajo ahondar en el debate.
De   una   forma   clara   se   describe   la   relación   surgiente   entre  medicina  y  estado,   cuando   las 
autoridades coloniales intervengan directamente para prohibir las prácticas y cultos que según su canon 
veían como médica o políticamente objetables.
Pero, no todo fue intolerancia en esta compleja relación entre culturas, y el occidente se sirvió de algunas sustancias utilizadas por los nativos, ya fuese en la búsqueda de nuevas drogas, o por el bajo precio   que   estas   tenían   para  la   población   pobre  en  general.   Uno  de  los  motivos  del   “intercambio colombino” entre Europa y América fue la adquisición de las drogas provenientes del nuevo mundo. 
Pero mientras Europa saqueaba libremente las “farmacias nativas” en la búsqueda de la producción de dorgas, no había la correspondiente incorporación de las ideas culturales y prácticas  religiosas que sustentaban su uso en los lugares de origen. Por ejemplo, los españoles se apropiaron de las drogas aztecas,   sus   propiedades   fueron   solamente   entendidas   en   términos   de   patología   humoral   (visón prevaleciente en Europa) y mostraban poco interés en qué uso le dieron los aztecas y por qué motivos las creían eficaces.
El surgimiento de la farmacología en otro de los momentos importantes. Fue Claude Bernard (1913­1878) quien realizó los más tempranos experimentos que mostraban que la droga actúa en un sitio específico del cuerpo y no en forma difusa por todo el sistema. El estudio de droas recibió un gran incentivo  de la Universidad de Dorpat (ahora Tartu) en Estonia. Es así que por primera vez en la historia se creó una cátedra de farmacología a cargo del Dr Rudolf Bchheim (1820­1879), graduado en Liepzig,   quien   aprendió   gran   parte   de   su   conocmiento   en   la   traducción   del   inglés   de   un   libro de Honathan Pereira (1804­-1853), físico y químico londinense.
Buchheim   estudió   el   efecto   de   las   drogas   con   las   que   en   ese   tiempo   estaba   familiarizado metales, prgantes, alcaloides, alcohol, etc­. El no logró muchos descubrimientos per sí establecer la ciencia   como   una   disciplina   distinta.   Sus   discípulos,   especialmente   Oswlad   Schmiedeberg,   se encargaron de expander la ciencia y fundar laboratorios por toda Europa.
Otra línea imposible de obviar cuand referimosa la relación entre la medicina y las drogas es la psiquiatría. Fundamentalmente la psiquiatría del siglo XX. Se puede convenir en que ha sido marcada por tres grandes líenas: el pscoanálisis freudiano, el descubrimiento y uso de drogas psicogtópicas y el movimiento  antipsiquiátrico.
La primer droga psicotrópica usada fue el litio, en Australia en 1949 2, en un intento de control de los maníaco­depresivos. El desarrollo de la  psicofarmacología trajo una nueva ola de autoconfianza y optimismo terapéutico a la profesión psiquiátrica. Prometía una relativa seguridad, método de costo­efectivo en el alivio del sufrimiento mental sin recurrir a la hospitalización o al consumo de tiempo que
planteaba el psicoanálisis freudiano. Asimismo revivió la identidad de la psiquiatría como una “ciencia 
dura y exacta”, identidad cultivada desde la segunda mitad del siglo XIX.
Irónicamente la utilización de drogas psicotrópicas fue una de las causas del surgimiento del movimiento antipsiquiátrico de los años 60', cuyas tres propuestas fundamentales eran:

1. que   la   enfermedad   mental   no   es   un   fenómeno   comportamental   o   bioquímicamente objetivo (debía ser contextualizado)
2. que en occidente la visión de la locura impedía que pudiéramos aprender algo de ella
3. que la experiencia psicótica puede ser una forma de auto­curarse y por lo tanto no debe ser farmacológicamente alterada o suprimida.

Uno de los más carismáticos ha sido R. D. Laing (1927­1987) junto con el sudáfricano David Cooper, influenciados por las ideas de M. Heiddeger y J. P. Sartre. En los Estados Unidos al frente de dicho movimiento se encuentra Thomas Szasz (1920), en Francia por Michel Foucault (1926­-1984), en Italia Franco Basaglia (1924­1980) entre otros.
El movimiento antipsiquiátrico dió impetú a la desinstitucionalización de la insanía. Otro logro  importante   fue   el   reconocer   el   derecho   del   paciente   a   abstenerse   de   drogas   psicotrópicas   o electroshocks.
Tanto sea a nivel internacional como nacional las drogas utilizadas por la medicina estuvieron sujetas a lo largo del tiempo en un proceso de penalización­despenalización. La relación anteriormente mencionada   entre   Estado   y   medicina   (surgida   a   principios   del   siglo   XIX)   alcanzan   su   máxima expresión en el siglo XX con la penalización de las drogas hasta entonces utilizadas libremente. Es entonces,   desde   estos   momentos   que   comienza   a   hablarse   de   adicción.   La   adicción   radica   en   un concepto   relativamente   nuevo,   pero   su   comprensión   dependerá   de   la   definición   que   la   capture. 
Evidentemente   hay   múltiples   definiciones   que   responden   a   intereses   vinculadas   a   distintas dimensiones, instituciones, funciones, etc. O sea, dependerá de las lógicas de sentido que las atrapen.

2  http://www.medicosecuador.com/revecuatneurol/vol12_n3_2003/editorial.htm
    http://www.alpoma.net/tecob/?p=869

Esta relación se puede vincular a lo que Foucault llama “psiquiatrización de la vida cotidiana”, como un orden de represión, en la invisibilidad de un poder que circula por las redes sociales.
Como ya fuera mencionado oportunamente, la penalización de las sustancias es un proceso que se   origina   en   1906  en   EE.UU..   Pero,  lo   realmente   importante   es   conocer   de   qué   usos,   anterior   y posteriormente a la penalización, se servía la medicina en su práctica terapéutica. Por ejemplo, la utilización médica de la cocaína consistía en anestésico local en cirugía, y de terapétuca antidepresiva en la clínica psiquiatrica, movimiento del que S. Freud fue un investigador e impulsor (así lo avala su estudio “Sobre la coca” de 1884). Los argumentos porlos que se sustituyó la cocaína por anestésicos locales sintéticos apuntan fundamentalmente a la toxicidad de la sustancia, la inestabilidad de sus soluciones y la fácil descomposición por el calor. Dichas sustancias sustitutivas, que por el año 1930 ya rondaban en más de 100, resultaron muchas de ellas de mayor toxicidad que la cocaína, tal es el caso de la  nupercaína  (4 o 5 veces   más tóxica), o de la  pontocaína  (3 veces más tóxica), y así otras tantas. Se recurrió a la asociación con la adrenalina en un intento de ajar su nivel de toxicidad. Evidentemente, además del trasfondo médico de la penalización de la sustancia, hubieron muy probablemente otros intereses que fomentaron su prohibición, y así lo demuestra la fabricación de sustitutos sintéticos más tóxicos que ésta. Así, con esta sustancia con  como otras, los laboratorios o la industria químico­farmacéutica en general, se encargaron de producir los sustitutos legales a las drogas penalizadas, obteniendo ingresos insospechados hasta ese momento. Es así, que hoy en día la industria químico­farmacéutica es la segunda maś grande en movilización de capitales luego de la petrolera, obviamente sin mencionar el mercado ilegal.
En   nuestro   país   la   primera   penalización   de   la   cocaína   es   en   el   año   1937.   recolectando  inforamción en el Departamente de Historia de la Medicina de Facultad de Medicina, nos podemos encontrar   con   varias   publicaciones   que   refieren   al   tema,   por   ejemplo,   la   obra   “Terapéutica y farmacodinámia” 1938 del Profesor Doctor Rossello nos encontraos con un capítulo dedicado a la cocaína como anestésico local. En él se incluye un listado de la farmacopea oficial uruguaya extraída directamente   de   la   francesa.   En   dicho   listado,   como   puede   apreciarse,   el   número   de   drogas posteriormente penalizada es más alto aún.
Un proceso similar ocurrió con los opiáceos (opio, morfina, heroína, codeína, etc) utilizados médicamente como anestésicos y depresores del Sistema Nervioso. Hoy en día se encuentran en las listas vigentes de penalización (3).
 (3) La historia del proceso de penalización de los opiáceos es por demás interesante, y ameritaría una profunda y particular investigación que escapa a las posibilidades de éste trabajo por sus prolongados avatares a lo largo de la historia de la humanidad y nuestra cultura.

Lo mismo ha ocurrido con otras tantas sustancias psicoactivas. Pero en lo referente al cannabis, el tema toma otras características. Sabido es la discusión actual (aunque bien podría datar de un par de décadas   atrás)  con respecto a la despenalización  de dicha sustancia.  En los  países que primero   lo penalizaron, por ejemplo EE.UU., en 1937, ha comenzado un paulatino proceso de despenalización de dicha sustancia con fines médicos. Resulta interesante que el saber médico, uno de los propulsores en un principio de la penalización por los datos aportados que sugerían su nocividad, es hoy el beneficiado 
en la despenalización aprobada en gran cantidad de estados americanos. Tanto es así, que la OMS redactó en marzo de 1998 lo siguiente: “Hay buenas razones para decir que los riesgos del cannabis serían menormente perjudiciales a la Salud Pública que los serios riesgos generados por el consumo de alcohol y tabaco, aún si tuviéramos la misma población de consumidores en ambos grupos (4)”.
(4) Fuente: Proyecto de la ONU en las implicaciones sanitarias del uso de cannabis: Ginebra, Suiza.

Esto da a pensar que “la Verdad” es relativa, local, y temporal. Siendo ésta la habilitación o inhabilitación proporcioinada por la producción de subjetividad de determinado momento histórico. Y las contradicciones que una época le opone a la otra, cada paradigma, se ven claramente reflejadas en el 
devenir científico.
Un caso distinto es el del LSD 25 (Ácido Lisérgico Sintético), creado por Albert Hofmann en el laboratorio Sandoz en Basilea (Suiza). Su propósito original era el de crear un analéptico ­refiere al régimen alimenticio para restablecer las fuerzas­ y ha hallado por error uno de los enteógenos sintéticos más potentes e influyentes en varios ámbitos. 
Como lo menciona el Profesor Psicólogo Juan Fernández en su libro “Enteogénesis”, el LSD fue utilizado en el ámbito médico y especialmente en psiquiatría en experimentos psicoterapéuticos posteriores a la segunda guerra mundial. El uso de ésta sustancia (y en algunos casos psylocibina) en el 
ámbito psicoterapéutico se le llamó narcoanálisis, que posteriormente derivó en la terapia psicolítica y terapia psicodélica. No obstante la práctica de este tipo de psicoterapia suscitó una gran cantidad de problemas judiciales e inclusive políticos.
A nivel nacional también hubo experiencias fundamentalmente de la mano de psiquiatras tales como: Duarte, Severino, Silva, Gaspar y Berta. Obteniendo en muchos casos resultados positivos y en otros no.
El LSD irrumpió también en el ambiente artístico en la década del '60, y cuya expresión directa fue el arte psicodélico (5).
(5) La palabra psicodélico fue inventada por el psicólogo británico Humphry Osmond.

Las causas de su prohibición argumentan el uso indiscriminado, sin fines médicos, produciendo innumerables   descompensaciones   psíquicas.   De   todas   formas   sorprende   la   prohibición   para   el   uso médico siguiendo las palabras del Dr. Luria de la Universidad de Harvard que sostenía: “la taza de reacciones adversas computadas en el tratamiento terapéutico nunca ha superado el ínfimo de 0,08%”
Una vez prohibido el uso del LSD se supo que su utilización pasó a manos militares, integrando la lista de armas estratégicas en plena guerra fría. Esta estrecha, íntima, entre medicina y Estado no sólo se expresa en la prohibición de aquellas sustancias utilizadas por la medicina, sino también en las competencias que la ley establece a la Salud Pública, que serían la prevención, asistencia, curación y rehabilitación social del toxicómano. Así como también el suministro de datos efectivos para el establecimiento de políticas en éste sentido (Capítulo II, Artículo 16 de la Decreto­Ley 14.294).

Como lo menciona Michel Foucault en “La verdad y sus formas jurídicas” en sus páginas 35 y 36 “[el control de los individuos] no puede ser efectuado por la justicia, sino por una serie de poderes laterales, al margen de la justicia, tales como la policía, y toda una red de instituciones de vigilancia y  corrección: la policía para la vigilancia, las instituciones psicológicas, psiquiátricas, criminológicas,  médicas y pedagógicas para la corrección”.

Estas instituciones en nuestro país son algunas de orden público y otras privado. Dentro de las de orden público la que por años sirvió de centro de referencia nacional fue el Hospital Maciel, pero a partir del 2005 hubo un serio biraje en la política de estado atendiendo el problema drogas a través de policlínicas y el portal amarillo acercándose a la comunidad. También a nivel privado existe una amplia gama   de   oportunidades   en   el   mercado   de   la   salud,   tomando   cuerpo   en   organizaciones   no gubernamentales de orden independiente, además de los centro de asistencia médica.

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